Te grito que no es cierto y que no tienes corazón.
Sacas unas cuantas más verdades
que lastiman, que me cortan;
me acomodo bien mi escudo, que lo traigo a todas horas.
Me recuerdas mis caminos, decisiones y demoras
con una voz tan clara,
que lastima al escuchar;
y tu voz siempre, siempre: elocuente, amable y estridente.
Me gusta decir mentiras,
decir que existen cualidades,
aunque todos ya sabemos que camino entre maldades.
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