lunes, septiembre 28, 2009

Divago mucho.

-Disfruto la vida. Me molesta la vida. Es tan incontrolable, llena de malditas sorpresas, llena de coincidencias, de emociones, de situaciones que lo sacan a uno de su zona de confort y control. Pero así está bien. Algo que me ha enseñado la vida últimamente es que la autosuficiencia y la satisfacción pueden ser consecuencias de la soledad. Vivía para los demás. Vivía y me transformaba, me amoldaba cada día para no estar sola, para agradar, para hacer reír, para convivir, para sentirme amada, aceptada, querida y anhelada. El cariño colectivo que un pequeño grupo de personas provee puede ser muy adictivo. Pero si dependes de él para tener felicidad, suerte. Pasé por ahí, y he llegado a la conclusión de que así pensamos casi todos, que para ser feliz necesitas a alguien más, que tu solo no puedes lograr una vida plena, que la soledad es mala, no es natural, etc... Tengo amigos, y les amo pero yo soy lo que ves, ves lo que soy. No soy ni reflejo ni sombra de alguien más.
Realmente estoy decidida a ya no cambiar por alguien. Soy influenciable, pero no soy adiestrable. Puedes influir en mi de muchas maneras, y espero que cualquier potencial influencia que alguien me quiera adjuntar sea buena, porque de lo contrario pierdo el interés. Ya no perderé mi valioso tiempo en estupideces. Nada de intentar complacer a los demás antes que a mí; primero lo primero. Sonará egoísta, pero así es la vida. Egoísta. ¿Quién vivirá contigo diario, a cada segundo, cada mañana, tarde y noche; cuando te bañas, cuando conduces, comes, vives, cuando todo? Tú! Siempre estás sólo tú.

-No. Algunas veces sólo estás tú.

-No. Mira, algunas veces tienes compañía y, pues eso está bien... pero, bueno, depende de qué compañía estemos hablando. Una buena compañía se espera, se desea, se anhela con un poco de desesperación, con alegría e ilusión. Porque ver a esa compañía te emociona, te hace feliz y el simple hecho de estar cerca el uno del otro hace que te sientas simplemente completo. Si vale la pena, esperamos el momento de reencuentro durante el día, con una pequeña pero evidente y delatora sonrisa en el rostro...


Mmm....

domingo, septiembre 20, 2009

Silenciar

Quisiera poder tener esa habilidad de contestarle a la gente lo que se merece, pero sin herirla. Algo prácticamente imposible ya que, aunque creamos merecer un utópico equilibrio de cosas buenas y cosas malas, la mayoría de las veces nos quieren y queremos reclamar las malas. Cosas malas hay tantas como para escoger, pero las que nos lastiman más, en su mayoría son palabras. No necesariamente groserías, pero palabras que, dichas con diferente entonación pueden significar tantas y tantas cosas. Sarcasmo, Burla, Cariño, Confianza, Odio, Desprecio, Amor, etcétera y etcétera. Malas Palabras son las que nos hacen llorar, las que nos enfurecen, las que nos humillan, las que nos entorpecen, alejan y aíslan. En mi caso lo que me tiene así resulta ser irónicamente todo lo contrario. El silencio. Supongo que para contestarlo como se "merece" debo silenciarme yo también.