Magda es feliz, divertida, positiva, etcétera, etcétera, et-cé-te-ra.
Se pasa la vida meditando, pensando continuamente en lo que pudo haber cambiado pero que no tiene sentido lamentar porque ya pasó, pero que sigue lamentando incluso estando consciente de lo inútil de desperdiciar el tiempo pensando en el hubiera. Su vida hasta ahora no ha sido para nada normal, bueno pero en estos tiempos sería bueno preguntarse a qué podemos llamar normal...
Por ejemplo, un día se dio cuenta de que ser actriz era su vocación, qué tenia el talento, la destreza, la dedicación, o algo parecido a eso en ella.
Todo comenzó gracias a un anuncio de casting para ser extra que miró en una pared de su universidad. Convenció a su madre de que la acompañara para darle "apoyo moral". La madre accedió y fueron esa misma tarde. Cuando llegó su turno se levantó con una sonrisa tan fingida como impecable y dio algunos pasos al frente para realizar su performance actoral, de pronto,¡que comienza a llorar!, pero no llorar así, lagrimitas por las mejillas. Esto era Llorar. En su mayor esplendor. No, no estaba actuando. No, no se preparó meses y meses para llorar así, con tanto ahínco, sentimiento y devoción. Simplemente sucedió. Las lagrimas salían furiosas e interminables de sus ojos. Cubrió su cara con las manos pero al instante comenzó a llorar aún más fuerte. Gritos y gemidos de dolor acompañaron el inesperado llanto después de los primeros 2 minutos. Todos observaban.
Al parecer el encargado del casting, que ya estaba bastante agobiado por no decir har-to de llevar horas y horas con lo mismo quedó impresionado y convencido de tener frente a sí una actriz excepcional en bruto, que tenía la técnica tan bien aprendida que era capaz de controlar un llanto torrencial como le venía en gana. Ojalá hubiera sido esa la razón. A punto de cambiarla a la lista de los otros castings, Magda, roja, hinchada y avergonzada como nunca, desapareció corriendo mientras buscaba, desesperada la primera puerta que la acercara lastimosamente a la salida.
No era la primera vez que le pasaba algo así. Incontrlolable, su llanto como de qien se casa y a la hora queda viuda, era cosa de casi todos los dias.
Pobre Magda.