lunes, octubre 18, 2010

HS

Sus ojos vagaban nerviosos entre la gente que entraba y salía continuamente de la cafetería 318. Miraba por aquí y por allá, rápidamente, pero tratando de no parecer demasiado ansiosa. Llevaba cinco capuchinos con 3 de azúcar, pero ni así lograba hacerse de energías. Estaba cansada y un poco aturdida. La noche anterior había corrido cerca de 15 kilómetros bajo la lluvia, llorando algunos tramos y hablando sola durante varios más. El 318 quedó como punto de reunión. Ese maldito café donde alguna vez la había llevado Héctor, su estúpido novio, amante o lo que fuera.
En eso, entra Julia...

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