Magda se siente sola. Después de varias relaciones tormentosas, considera la posibilidad de que "tal vez" sea ella y no los pretendientes los del problema. Va conduciendo hacia el trabajo, automáticamente, sin tomar mucho en cuenta lo que acontece a su alrededor. Su mente está en el pasado. En esa tarde, ¡esa tarde tenía que ser!
Su sonrisa. Esa sonrisa que la derretía tanto. Él lo sabía, por eso sonreía más a menudo cuando estaba con ella. O... tal vez... realmente era ella quién le hacía sonreír. Nunca lo sabrá. Él ahora vive en otra ciudad, con otras amistades, otras aficiones y otra novia.
Cuando Magda se encuentra frente a una cursi película romántica, un beso apasionado, una mirada de flirteo ocasional, o cualquier cosa relacionada con el "amor", instantáneamente él aparece en su cabeza y se arremolina en su mente, causándole una nostalgia y una tristeza que le duran todo el día.
¡Cómo duele el amor!¡Cómo duelen los malditos recuerdos! Pero, Magda no llora, no. No llora a pesar de lo mal que se siente por ya no tenerlo a su lado. Llora en cualquier otra ocasión y por razones excesivamente insulsas; pero cuando se trata de Él, no llora.
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