Magda se levantó muy temprano. Demasiado temprano para ser precisos, leyó durante un rato, dio vueltas en la cama y luego se preparó un rico desayuno. Tomó las llaves de su carro y se fue directo al centro comercial de la ciudad, uno no muy moderno ni surtido por cierto, pero algo es algo.
En fin, llegó y comenzó a caminar felizmente sin rumbo viendo hacia todos lados, a la gente, las tiendas, las plantas artificiales, las joyas sin clase en los aparadores, el piso... "hay que observar todo cuanto podamos durante esta vida, que pronto moriremos, si no es que antes nos quedamos ciegos" –era su filosofía personal. Una tienda de ropa bonita se atravesó entre sus observaciones sin sentido y dijo en voz alta que ya le hacia falta salir de compras sola, mientras que una señora que pasaba por un lado la vio feo por hablar sola, pero a ella no le importó. –Es una de las ventajas de comprar sola –pensó.–Nadie te apresura, nadie presiona, ni menos te gana la blusa más linda. Continuó caminando por hora y media, le dio dos vueltas al centro comercial. Nada.
–Bueno, al menos me comprare algo rico de comer y listo! –se dijo positivamente mientras se acercaba cada vez más al glorioso objetivo de hacerse poseedora del helado mas grande que pudiera encontrar. Se sentó sola en una mesa a devorar impulsivamente su deliciosa nieve.
De pronto, las lágrimas. No se pudo contener.
–No! –dijo entre dientes. No puede ser, ¿Porque a mí?, ¿Porqué otra vez?.
En ese momento, las personas a su alrededor comenzaron a verla como quien no quiere y a cuchichear, algunos incluso se reían. Sus ojos rápidamente se vieron hinchados y lágrimas negras corrían por sus mejillas, su blusa blanca de algodón se manchó de rímel, y tenia la nariz roja. También se había despeinado de tanto tratar de cubrir su rostro con su largo y castaño cabello. No hallaba como esconderse, ocultar sus malditas lágrimas que parecían tener vida propia .Finalmente, se levantó como pudo de la mesa, y con la cabeza agachada, tiró el resto de su nieve y comenzó a caminar-trotar hacia la puerta mas cercana al estacionamiento. Se tropezó continuas veces con la gente, ya que le daba vergüenza levantar la vista.
–Al menos espero que consideren la posibilidad de que me sucedió alguna tragedia familiar inconcebible. –dijo en voz alta para sí.
Cuando estuvo fuera, la respiración entrecortada y los gemidos comenzaron a acompañar su llanto incontenible.
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