—Vengo de parte del joven de arriba, el del piso dieciséis. Tengo un mensaje para usted, señorita linda. Me pagó con un billete roto de una esquina, de un valor total de 50 pesos por caminar bajando las escaleras y venir a decirle a usted, pues, las cosas tan importantes que quiere decirle.
Lo primero es que está usted muy bella. Me comenta el joven que cuando la mira desde arriba, cuando llega usted muy guapa, del trabajo, de la escuela, del mandado o qué sé yo, se mira como toda una modelo. Me dice también que le ha tocado más de una vez escuchar conversaciones suyas, no crea que todas, o que siempre, siempre. Más bien cuando sube usted las escaleras, o las baja, en todo caso. Verá, a él le gusta mucho quedarse en las escaleras, sentarse y ponerse a pensar, dice él. Y pues, ya ve que hay mucho eco por ahí... bueno por eso me supongo yo que la ha oído. El punto es que me comenta que su voz le parece tan, pero tan hermosa, y las cosas que usted cuenta, las cosas que usted habla y aconseja le parecen también de lo más acertadas y de lo más tiernas. Dice también él, que no ha tenido la oportunidad de verla de cerquita mas que una sola vez. Pero que desde esa única vez no se ha sentido igual, que incluso se quedó el rostro de usted metido en sus ojos durante ¡toda una semana!... que por más que intentaba olvidarle parecía estar como marca de agua, de fondo, semitransparente su rostro, viera a donde viera.... Yo no soy nadie para juzgarlo y saber si es verdad, pero pues eso dice él... y bueno, eso es todo, buenas tardes, señorita.
— No. A ver, espéreme, ¿cómo cree que me va a dejar así y ya? Dígame quién es. ¿Qué le pasa?
—Ahh lo siento señorita, a mí no me pasa nada. Él me dijo que le dijera estas cosas a usted, y pues ya se las dije, ¿no?
—¿Y para qué? No entiendo para qué hacerlo bajar y tocar mi puerta y decirme todas estas cosas de un jalón y ya. Ahora quiero saber quien es, dígame, por favor.
—Pues ya le dije que vive en el piso dieciséis, y pues creo que hasta hablé de más... sólo me dijo que le dijera esas cosas. Tal vez él se le acerque y toque su puerta más tarde, ¡o nunca! yo no sé... y ya me voy... que pase buena tarde, señorita...
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